Argentina atraviesa una encrucijada en la que la abundancia de sus recursos naturales contrasta, de manera casi trágica, con un tejido social expuesto al experimento libertario de la crueldad. Esta contradicción, desde luego, no responde a una fatalidad geográfica ni a una carencia estructural, sino a una serie de factores de orden político que, con Milei, se han profundizado: la ausencia simultánea de políticas de desarrollo y de un movimiento político capaz de encarnarlas con sentido nacional, federal y democrático, acorde con la agenda del siglo XXI.