La historia argentina está hecha de fronteras. Algunas se dibujan sobre mapas; otras, más hondas, se trazan en la conciencia de un país que aún se busca a sí mismo. Entre esas fronteras, la Patagonia ha sido la más vasta y simbólica: el territorio donde el Estado midió su capacidad para transformar la geografía en Nación. En esa cartografía, Viedma ocupa un lugar singular. Fue la primera capital patagónica y, desde 1973, la sede definitiva del gobierno rionegrino. Pero su destino excede las coordenadas administrativas: Viedma es, antes que nada, una idea política.