El tradicional Tedeum por el Día de la Independencia, celebrado este 9 de julio en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, estuvo marcado por un mensaje de fuerte contenido social y político del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, quien llamó a reconstruir la unidad nacional, advirtió sobre el crecimiento de la exclusión y cuestionó el clima de confrontación que atraviesa el país.
El tradicional Tedeum por el Día de la Independencia, celebrado este 9 de julio en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, estuvo marcado por un mensaje de fuerte contenido social y político del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, quien llamó a reconstruir la unidad nacional, advirtió sobre el crecimiento de la exclusión y cuestionó el clima de confrontación que atraviesa el país.
La ceremonia contó con la presencia del presidente Javier Milei, integrantes del Gabinete nacional, autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, legisladores, representantes de las Fuerzas Armadas y dirigentes políticos.
Durante su homilía, García Cuerva sostuvo que la Argentina necesita recuperar la cultura del encuentro y superar las divisiones que, según planteó, profundizan la fragmentación social. Sin hacer referencias partidarias ni mencionar al Presidente de manera directa, el arzobispo instó a abandonar los discursos de odio y a privilegiar el diálogo como herramienta para afrontar los desafíos del país.
El mensaje fue interpretado como una nueva advertencia de la Iglesia Católica frente al deterioro del tejido social y al impacto que la crisis económica tiene sobre amplios sectores de la población. En distintos pasajes de su reflexión, el arzobispo remarcó la necesidad de que la política, las instituciones y la dirigencia prioricen el bien común por encima de los intereses sectoriales.
García Cuerva también expresó su preocupación por el avance de la indiferencia frente al sufrimiento de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. En ese sentido, sostuvo que una sociedad no puede acostumbrarse al dolor ajeno ni naturalizar la exclusión como parte del paisaje cotidiano.
Otro de los ejes centrales de la homilía fue la defensa de la solidaridad como valor indispensable para fortalecer la convivencia democrática. El arzobispo afirmó que la independencia conquistada en 1816 interpela a los argentinos actuales a construir una nación basada en el respeto, la justicia y la fraternidad.
El presidente Javier Milei siguió la ceremonia desde las primeras filas junto a miembros de su gabinete y funcionarios nacionales, en un contexto de expectativa por el contenido del mensaje eclesiástico. También participaron autoridades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, representantes diplomáticos y referentes de distintos credos.
La relación entre la Iglesia Católica y el Gobierno nacional ha estado atravesada por diferencias en torno a diversas cuestiones sociales y económicas desde el inicio de la actual gestión. Si bien ambas partes han mantenido canales institucionales de diálogo, distintos pronunciamientos episcopales reflejaron preocupación por el aumento de la pobreza, la situación de los jubilados y el impacto del ajuste sobre los sectores más vulnerables.
En ese marco, la homilía del Tedeum fue leída como una continuidad de los planteos que la Conferencia Episcopal Argentina viene realizando en los últimos meses respecto de la necesidad de fortalecer la cohesión social y preservar los mecanismos de contención para quienes enfrentan mayores dificultades económicas.
García Cuerva evitó ingresar en debates coyunturales o partidarios, aunque insistió en la importancia de recuperar una convivencia basada en el respeto mutuo. En su mensaje sostuvo que las diferencias políticas no deben transformarse en enemistades permanentes ni derivar en procesos de deshumanización del adversario.
El arzobispo también convocó a renovar el compromiso con los valores democráticos y con una ciudadanía activa, señalando que la construcción del futuro requiere responsabilidad compartida entre el Estado, las instituciones, el sector privado y la sociedad civil.
Las expresiones del titular de la Arquidiócesis de Buenos Aires tuvieron una amplia repercusión en el ámbito político. Dirigentes de distintos espacios destacaron el llamado al diálogo y a la búsqueda de consensos, mientras que otros interpretaron el mensaje como una crítica a la estrategia de confrontación impulsada desde el Gobierno nacional.
Desde sectores cercanos al oficialismo minimizaron las lecturas políticas de la homilía y señalaron que el Presidente participó con normalidad de la ceremonia religiosa, en el marco de una fecha de profundo significado institucional para el país.
En tanto, referentes de la oposición consideraron que las palabras de García Cuerva reflejan preocupaciones compartidas por distintos sectores de la sociedad respecto del incremento de la conflictividad social, el deterioro económico y la necesidad de promover ámbitos de diálogo entre los actores políticos.
El Tedeum del 9 de Julio volvió así a consolidarse como un espacio donde, además de la conmemoración religiosa de la Independencia, se expresan reflexiones sobre la realidad nacional. Históricamente, las homilías pronunciadas durante esta celebración han trascendido el ámbito litúrgico para convertirse en mensajes dirigidos a toda la dirigencia.
https://www.youtube.com/watch?v=3_4vU4ucB4Y
La ceremonia se desarrolló en un contexto político y económico particularmente complejo, atravesado por el debate sobre las reformas impulsadas por el Gobierno nacional y por las consecuencias sociales del programa de ajuste fiscal implementado desde diciembre de 2023.
Con un mensaje centrado en la unidad, la solidaridad, el diálogo y la responsabilidad colectiva, García Cuerva dejó uno de los discursos institucionales más relevantes de la jornada patria. Sus palabras volvieron a colocar en el centro del debate el rol de la Iglesia Católica como voz crítica frente a los desafíos sociales que enfrenta la Argentina y generaron repercusiones tanto en el oficialismo como en la oposición, en una nueva muestra de la trascendencia política que adquiere el Tedeum del 9 de Julio.
Mons. García Cuerva: «En este 9 de julio, pidamos juntos a Dios que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren»
Se celebró el Tedeum en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, en conmemoración al día de la independencia de Argentina. El Arzobispo de Buenos Aires, Mons. García Cuerva, recibió a funcionarios nacionales y de la ciudad de Buenos Aires para elevar una oración de acción de gracias a Dios por este nuevo aniversario de aquella acta que fue firmada en 1816 en la que representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata declararon la ruptura con la monarquía española.

Junto a la imagen del la Virgen de Itatí, en su día, el Arzobispo comenzó su homilía destacando: «El mensaje que compartiré quiere ser un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina, convencido de que entre todos construimos la Patria, más allá de saber que, luego, algunas frases puedan ser tomadas de manera aislada para querer alimentar la fragmentación».
Reconstruir una patria con todos
«La parábola del Buen Samaritano es un ícono capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que debemos tomar para reconstruir esta Patria que amamos y nos duele a la vez. Ante el dolor, ante tantas heridas, la única salida es ser como el Buen Samaritano. Toda otra opción termina o bien del lado de los salteadores, o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino», dijo el arzobispo que sumó luego «A veces como sociedad argentina también recorremos caminos peligrosos, no por cuestiones geográficas, sino porque no nos llevan a ningún buen lugar, o nos meten en laberintos sin salida. El camino de la intolerancia, el de los enfrentamientos constantes, el de la descalificación del otro por pensar o ser distinto, el camino de la crueldad hacia los más débiles, el sendero de la discriminación por cuestiones de raza, religión o domicilio. Caminos en los que algunos aprovechan para dividirnos, para enfrentarnos, robándonos las esperanzas de salir juntos adelante, escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos. Y esto no es cuestión de ser de tal o cual partido político o gobierno de turno; es cuestión de ser o no, honesto y transparente. Ser y parecer, ahora y siempre».
«Es por ello que todos los días enfrentamos la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo. La parábola nos lo relata: el amor está siempre en la libertad y la libertad está en las decisiones. Hay también quien elige no hacerse prójimo y quien decide no decidir», sostuvo Mons. García que también agregó «El hombre asaltado y despojado de todo queda al borde del camino. Un levita y un sacerdote lo ven y siguen su camino. Ya sea por estar apurados, por miedo, o por egoísmo, pero pasan de largo. En este 9 de julio, pidamos juntos a Dios que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren. Los heridos del camino de la vida, los enfermos, los jubilados, los adolescentes y jóvenes víctimas del negocio de los narcotraficantes, los desocupados, las personas con discapacidad; hoy queremos hacer presentes en este Tedeum sus vidas, sus rostros, sus historias concretas; no cifras, o diagnósticos, sino sus nombres, y sin pedirles “antecedentes de pobre”, como preguntándoles desde cuándo están viviendo esa difícil situación. Ya todos sabemos, con sinceridad, que esta realidad no es nueva y duele hace años».
Con la dinámica de la compasión y misericordia
También exhortó: «El samaritano vio al hombre herido, y se conmovió. Detenerse, conmoverse, abajarse, llorar ante el dolor de otros. Quien se deja llevar por esta dinámica de compasión y de misericordia, comienza a vivir de un modo diverso, a ser ciudadano de un modo diverso, a trabajar de un modo diverso. Se dará una relación entre personas, con sus cuerpos y su interioridad, con sus historias y sus sueños; y como dice el Papa León XIV, aún en tiempos de inteligencia artificial, un algoritmo nunca podrá sustituir un gesto de cercanía o una palabra de consuelo».
«Y siguiendo el relato del evangelio, el samaritano tiene conciencia que el amor y la ayuda se organizan, que no puede solo, que tiene que trabajar con otros; por eso recurre al dueño de un hospedaje para socorrer entre los dos al hombre herido. En este 9 de julio, día de nuestra independencia, pidamos también a Dios nos independice del individualismo, de la competencia feroz por el protagonismo, del internismo y la mezquindad política de querer llevarnos los aplausos cuando hacemos algo por los demás», fue el llamado del Arzobispo.
El compromiso de caminar unidos
«Demos gracias a Dios por tantos ciudadanos que han decidido vivir la cultura de la proximidad y la acogida; por tantos argentinos que día a día se ponen la Patria al hombro y desde temprano ponen lo mejor de sí para salir adelante haciendo enormes esfuerzos, muchas veces anónimos. Demos gracias por los que siguen apostando por la fraternidad, conmoviéndose con los que sufren, comprometidos con pequeños grandes gestos de solidaridad y amor al prójimo, a pesar de las críticas y los comentarios crueles que profundizan heridas, sin resolver nada», alerto Mons. García Cuerva que invitó diciendo, «Hermanos, la Patria nos pide hoy un gran examen de conciencia colectivo. No miremos al costado buscando culpables eternos. Preguntémonos todos los argentinos: ¿Estoy actuando como los que pasan de largo o estoy dispuesto a ser la posada que reciba y sane a los heridos? Las heridas sociales necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y la honestidad innegociable».
A la luz del Evangelio, el Arzobispo recordó: «Que este 9 de julio, nos comprometamos a caminar unidos hacia un desarrollo integral que tanto anhela nuestro pueblo, que lo hagamos construyendo puentes donde algunos quieren levantar muros, con gestos concretos de cercanía y de acogida con los heridos de la vida, escuchando su clamor y convencidos que Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable, todos somos importantes».
«Y vaya si lo sabemos hacer! Estos días, movilizados por los colores de la selección nacional, se nos enciende el alma, nos unimos en un abrazo con todos, construimos un sueño colectivo, y valoramos que el trabajo sea en equipo; sigamos con la camiseta puesta, y con pasión, hagamos realidad el mensaje que Leonel Messi publicó alguna vez en sus redes sociales: “Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades, es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos…lo logramos!» dijo al concluir su homilía.
Tedeum 9 de Julio 2026
«Y entonces, un doctor de la ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida Eterna?» Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?» Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». » Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida». Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: «Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver» ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera» Lucas 10, 25-37

Una vez más, el mensaje que compartiré quiere ser un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina, convencido que entre todos construimos la Patria, más allá de saber que, luego, puedan ser tomadas frases aisladas para querer alimentar la fragmentación.
La parábola del Buen Samaritano es un ícono capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que debemos tomar para reconstruir esta Patria que amamos y nos duele a la vez. Ante el dolor, ante tantas heridas, la única salida es ser como el Buen Samaritano. Toda otra opción termina o bien del lado de los salteadores, o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino.
Justamente la lectura comienza hablando de un camino, un camino peligroso. El camino entre Jerusalén y Jericó era una vía de paso para caravanas comerciales y peregrinos. Dado el terreno desolado, quienes transitaban por ese camino eran presa fácil para los bandidos, quienes encontraban numerosos escondites y rutas de escape hacia el desierto, donde nadie los perseguiría. Cuando Jesús dijo que “un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó”, sus oyentes seguramente reconocieron los peligros que entrañaba este viaje. Por eso se lo conocía desde la antigüedad como “el camino sangriento”.
A veces como sociedad argentina también recorremos caminos peligrosos, no por cuestiones geográficas, sino porque no nos llevan a ningún buen lugar, o nos meten en laberintos sin salida. El camino de la intolerancia, el de los enfrentamientos constantes, el de la descalificación del otro por pensar o ser distinto, el camino de la crueldad hacia los más débiles, el sendero de la discriminación por cuestiones de raza, religión o domicilio. Caminos en los que algunos aprovechan para dividirnos, para enfrentarnos, robándonos las esperanzas de salir juntos adelante, escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos. Y esto no es cuestión de ser de tal o cual partido político o gobierno de turno; es cuestión de ser o no, honesto y transparente. Ser y parecer, ahora y siempre.
Los asaltantes también han recorrido los caminos de nuestra historia, robando sueños a los jóvenes, robando posibilidades de progreso a las familias trabajadoras, sustrayendo dignidad a los más frágiles, apropiándose de las esperanzas y los esfuerzos de un pueblo que, a pesar de todo, quiere vivir mejor, y por eso está ajeno a las discusiones eternas y alejadas de la realidad, que, en su nombre, tienen los dirigentes. Por eso el Papa León XIV decía el sábado pasado, respecto a este evangelio: Antes que cualquier otra consideración intelectual o convicción ideológica, el impacto con quien yace delante de nosotros, despojado de todo, llama a la proximidad.
Es por ello que todos los días enfrentamos la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo. La parábola nos lo relata: el amor está siempre en la libertad y la libertad está en las decisiones. Hay también quien elige no hacerse prójimo y quien decide no decidir.
El hombre asaltado y despojado de todo queda al borde del camino. Un levita y un sacerdote lo ven y siguen su camino. Ya sea por estar apurados, por miedo, o por egoísmo, pero pasan de largo. En este 9 de julio, pidamos juntos a Dios que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren. Los heridos del camino de la vida, los enfermos, los jubilados, los adolescentes y jóvenes víctimas del negocio de los narcotraficantes, los desocupados, las personas con discapacidad; hoy queremos hacer presentes en este Tedeum sus vidas, sus rostros, sus historias concretas; no cifras, o diagnósticos, sino sus nombres, y sin pedirles “antecedentes de pobre”, como preguntándoles desde cuándo están viviendo esa difícil situación. Ya todos sabemos, con sinceridad, que esta realidad no es nueva y duele hace años.
El samaritano vio al hombre herido, y se conmovió. Detenerse, conmoverse, abajarse, llorar ante el dolor de otros. Quien se deja llevar por esta dinámica de compasión y de misericordia, comienza a vivir de un modo diverso, a ser ciudadano de un modo diverso, a trabajar de un modo diverso. Se dará una relación entre personas, con sus cuerpos y su interioridad, con sus historias y sus sueños; y como dice el Papa León XIV, aún en tiempos de inteligencia artificial, un algoritmo nunca podrá sustituir un gesto de cercanía o una palabra de consuelo.
Y siguiendo el relato del evangelio, el samaritano tiene conciencia que el amor y la ayuda se organizan, que no puede solo, que tiene que trabajar con otros; por eso recurre al dueño de un hospedaje para socorrer entre los dos al hombre herido. En este 9 de julio, día de nuestra independencia, pidamos también a Dios nos independice del individualismo, de la competencia feroz por el protagonismo, del internismo y la mezquindad política de querer llevarnos los aplausos cuando hacemos algo por los demás.
Y luego el samaritano dice “Cuídalo y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. Lo que gastes de más no siempre es sinónimo de derroche, o de despilfarro; a veces es invertir en los más débiles como el caso de la lectura de hoy, porque se necesitaba mucho cuidado para sanarlo. También hay ejemplos actuales: como cuando vemos que algunos centros de discapacidad tienen muchos trabajadores en proporción a las personas que atienden, y a priori se puede pensar que es un despropósito; pero luego, conociendo bien la dinámica de la institución, descubrimos que es una inversión que profesionales y asistentes entregados y comprometidos, acompañen y estimulen a cada uno de los beneficiarios, por caridad, pero también por justicia. Justamente en la encíclica Magnifica Humanitas, el Papa León XIV dice que la justicia social se reconoce por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos, y en particular a los más frágiles, vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás.
Demos gracias a Dios por tantos ciudadanos que han decidido vivir la cultura de la proximidad y la acogida; por tantos argentinos que día a día se ponen la Patria al hombro y desde temprano ponen lo mejor de sí para salir adelante haciendo enormes esfuerzos, muchas veces anónimos. Demos gracias por los que siguen apostando por la fraternidad, conmoviéndose con los que sufren, comprometidos con pequeños grandes gestos de solidaridad y amor al prójimo, a pesar de las críticas y los comentarios crueles que profundizan heridas, sin resolver nada.
Hermanos, la Patria nos pide hoy un gran examen de conciencia colectivo. No miremos al costado buscando culpables eternos. Preguntémonos todos los argentinos: ¿Estoy actuando como los que pasan de largo o estoy dispuesto a ser la posada que reciba y sane a los heridos? Las heridas sociales necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y la honestidad innegociable.
Desde anoche en distintos puntos del país se canta el Himno Nacional. Su letra empieza con una invitación a escuchar.: Oíd. ¡Qué importante este comienzo! En la tradición judeocristiana esta invitación tiene una hondura impresionante. “¡Escucha Israel!” (Shemá Israel) es la invitación que resuena en el libro del Deuteronomio en el Antiguo Testamento.
La actitud religiosa de escuchar tiene como trasfondo una capacidad humana elemental. Porque escuchar es la actitud básica del que quiere pensar con amplitud y apertura, del que sabe ampliar sus límites estrechos, del que se abre a la realidad para dejar interpelar sus propios esquemas mentales. Aprendemos a hablar escuchando, y escuchando recibimos enseñanzas que necesitamos para sobrevivir y para progresar. Escuchando a los demás aprendemos a respetarlos y a tratarlos como ellos necesitan que los tratemos, reconocemos sus valores y nos compadecemos de sus angustias. Escuchando, atentos a la realidad que corre más allá de nuestro pequeño mundo, también podemos reconocer los llantos, los lamentos, los gritos que claman pidiendo ayuda. Entonces volvemos a tomar la decisión de salir de nuestra coraza para caminar con los demás.
Que este 9 de julio, nos comprometamos a caminar unidos hacia un desarrollo integral que tanto anhela nuestro pueblo, que lo hagamos construyendo puentes donde algunos quieren levantar muros, con gestos concretos de cercanía y de acogida con los heridos de la vida, escuchando su clamor y convencidos que Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable, todos somos importantes.
¡Y vaya si lo sabemos hacer! Estos días, movilizados por los colores de la selección nacional, se nos enciende el alma, nos unimos en un abrazo con todos, construimos un sueño colectivo, y valoramos que el trabajo sea en equipo; sigamos con la camiseta puesta, y con pasión, hagamos realidad el mensaje que Leonel Messi publicó alguna vez en sus redes sociales: “Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades, es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos…lo logramos!”
Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva - Arzobispo de Buenos Aires
9 de julio 2026
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1 LEÓN XIV, Homilía, Lampedusa 2026
2 Ibid
3 Cfr LEÓN XIV, Discurso a los representantes de la Confederación Médica Latinoamericana y del Caribe, 3. Ciudad del Vaticano 2025
4 LEÓN XIV, Encíclica Magnifica Humanitas 77, Ciudad del Vaticano 2026 4
5 Deuteronomio 6, 4
6 Cfr FERNÁNDEZ, Victor, Meditación sobre el Himno Nac 6 ional Argentino, Buenos Aires 2013