Mauro esperó durante más de un año una oportunidad de adopción. El perro había ingresado a Sanidad Animal de Bariloche en febrero de 2025 junto a otros animales y, durante los controles sanitarios realizados entonces, los estudios detectaron que padecía dos enfermedades zoonóticas: leptospirosis y brucelosis.
A partir de ese diagnóstico comenzó un proceso de atención veterinaria que incluyó tratamientos específicos, controles periódicos y seguimiento profesional. Mientras los otros perros que habían llegado junto a él fueron encontrando familias, Mauro permaneció bajo el cuidado del área municipal debido a su condición sanitaria.
Durante su permanencia en Sanidad Animal, Mauro fue castrado, vacunado y desparasitado. Además, se realizaron los estudios correspondientes, que fueron analizados y confirmados por el Instituto Pasteur de Buenos Aires, según informaron desde el área municipal.
El tratamiento permitió resolver favorablemente la leptospirosis. En el caso de la brucelosis, los profesionales explicaron que se trata de una enfermedad que puede persistir durante toda la vida del animal y que requiere controles y seguimiento veterinario permanente.
Si bien los títulos serológicos de Mauro mostraron una evolución favorable, el perro continúa bajo vigilancia veterinaria. Esta situación representó durante meses una dificultad adicional para encontrar una familia que pudiera asumir los cuidados que requiere.
La posibilidad de una adopción comenzó a tomar forma a partir del vínculo que Mauro estableció con una de las voluntarias que concurren habitualmente a Sanidad Animal. Marita se acercó al lugar a través de la asociación civil sin fines de lucro Dejando Huellas, cuyos integrantes realizan paseos recreativos con los perros alojados en los caniles municipales.
Los encuentros entre ambos comenzaron con esas salidas. Los paseos permitieron que Marita conociera progresivamente a Mauro, mientras el animal podía salir de su espacio de alojamiento, caminar, jugar y relacionarse con una persona fuera del ámbito de los caniles.
Con el paso del tiempo, esos encuentros se transformaron en un vínculo más cercano. Finalmente, Marita decidió adoptar a Mauro y abrirle las puertas de su casa, asumiendo también el compromiso de continuar con los cuidados y controles que requiere su condición sanitaria.
De esta manera, el perro que había permanecido durante meses en Sanidad Animal dejó los caniles y comenzó una nueva etapa junto a una familia que conoce su historia. Su adopción se concretó después de un prolongado proceso de atención y recuperación.
El trabajo de Sanidad Animal
El director de Sanidad Animal, Pablo Roque, destacó el trabajo desarrollado por el personal municipal y los voluntarios durante el proceso que atravesó Mauro. “Cada animal que ingresa a Sanidad Animal tiene una historia diferente y muchas veces nos encontramos con situaciones que requieren meses de trabajo, tratamientos, controles, paciencia y muchísimo compromiso”, señaló.
Roque remarcó además que el objetivo del área es evitar que las condiciones particulares de un animal impidan definitivamente su posibilidad de ser adoptado. “Nosotros no nos resignamos a que un animal quede condenado por su historia. Trabajamos para recuperarlos y generar las condiciones para que puedan tener una segunda oportunidad”, afirmó.
El funcionario también valoró la participación de quienes forman parte del equipo municipal y de las organizaciones que colaboran con los animales alojados en el lugar. “Detrás de esta adopción hay veterinarios, auxiliares, administrativos y voluntarios que durante meses estuvieron pendientes de su evolución”, sostuvo.
Desde el área veterinaria, la jefa de Quirófano de Sanidad Animal, Noemí Cifre, explicó que la recuperación de Mauro requirió un seguimiento sostenido. “Mauro necesitó tiempo, tratamiento y mucha paciencia. La leptospirosis respondió favorablemente al tratamiento, mientras que la brucelosis requiere un seguimiento diferente y cuidados permanentes”, indicó.
La profesional destacó que el resultado del proceso permitió que Mauro pudiera ser adoptado por una familia informada sobre sus necesidades. “Lo importante es que hoy podemos verlo recuperado, cuidado y con una familia que conoce su historia y decidió acompañarlo”, expresó Cifre.
El caso también pone de relieve el papel que cumple el voluntariado en el bienestar y la socialización de los perros que permanecen en los caniles municipales. Los paseos y el contacto con personas pueden contribuir a mejorar sus condiciones de adaptación y favorecer futuras adopciones.
En el caso de Mauro, uno de esos paseos permitió construir el vínculo que finalmente derivó en su adopción. Después de más de un año de tratamientos, controles veterinarios y espera, el perro comenzó una nueva etapa junto a Marita y una familia que asumió el compromiso de acompañarlo.
“Bariloche sigue demostrando ese amor por los animales que, más temprano que tarde, va a vencer al maltrato animal. Mauro es testigo de ese cambio”, concluyó Roque, quien destacó el trabajo conjunto entre Sanidad Animal, las organizaciones y los vecinos para generar nuevas oportunidades de adopción.
