El exdiputado nacional Osvaldo Nemirovsci (PJ Río Negro) difundió una nota de opinión en la que denunció un supuesto “ensañamiento” contra el exministro de Planificación Federal Julio De Vido, al sostener que su estado de salud se agravó durante su detención por la falta de controles y tratamientos médicos adecuados.
Según el texto, basado en datos aportados por la abogada Alessandra Minnicelli, De Vido —de 76 años y con diabetes insulinodependiente— ingresó al sistema penitenciario con su enfermedad compensada, pero actualmente padece fibrilación auricular y severas lesiones coronarias que requirieron una angioplastia con colocación de stents tras una internación reciente.
Nemirovsci afirmó que el cuadro clínico evidencia la ausencia de un seguimiento sanitario adecuado en prisión y sostuvo que la situación constituye un trato penitenciario que vulnera su integridad física, al tiempo que cuestionó los fundamentos jurídicos de la condena que mantiene detenido al exfuncionario.
Crónica de un ensañamiento: La salud de Julio De Vido
¡Gracias Lali y estamos a tu lado, en este calvario que ni Julio ni vos merecen estar viviendo.
Resulta imperativo señalar que Julio De Vido ingresó a su cautiverio con un cuadro de diabetes mellitus insulinodependiente plenamente compensado, tal como lo certificaron los propios peritos médicos oficiales. Sin embargo, en la actualidad, el ex ministro padece una fibrilación auricular y lesiones coronarias severas localizadas en la arteria descendente anterior y la rama diagonal. Estas patologías resultan ser consecuencias directas de su afección base y demuestran, con una claridad meridiana, que en su lugar de detención se omitió cualquier tratamiento preventivo frente a la patogenia que hoy lo erosiona.
En términos fácticos: “entró con una diabetes bajo control y, tras las rejas, sufrió una descompensación sistémica derivada de la denegación de medicación específica y la ausencia de una vigilancia clínica idónea.
Actualmente 7 de abril, se encuentra internado en un centro de alta complejidad, donde ha sido sometido a un eco cardiograma transesofágico y a una cardioversión eléctrica, procedimiento de urgencia para revertir el incremento crítico de su ritmo cardíaco. Asimismo, fue necesario practicarle un cateterismo mediante estudio de hemodinámica coronaria, el cual reveló dos lesiones de extrema gravedad que obligaron a una angioplastia con la consecuente colocación de stents.
Su condición de diabético de alto riesgo lo sitúa en una vulnerabilidad cardiovascular extrema; una premisa que constituye un axioma para cualquier profesional de la medicina en el mundo, excepto para quienes debían custodiarlo en prisión.
Ante descompensaciones agudas de esta naturaleza, la atención debe ser inmediata para cualquier ser humano, y con mayor premura cuando se trata de un hombre de 76 años que requiere controles médicos oportunos, eficaces y constantes.
Nada de esto se ha hecho.
Es evidente que nuestro compañero, quien se erige como uno de los ministros más trascendentales desde 2003 a la fecha, e incluso en la perspectiva histórica, siendo parangonable en dedicación, voluntad y capacidad a figuras de la talla de Pistarini y Carrillo, está siendo sometido a un régimen penitenciario inadecuado que vulnera su integridad física.
No puede soslayarse que existe un ensañamiento deliberado contra su persona. De Vido afronta el encierro con una entereza moral notable, pero su temple no atenúa la crueldad del trato recibido ni el detrimento irreversible de su salud.
Atravesamos un momento de agravamiento notorio de su cuadro clínico que, indefectiblemente, conlleva una disminución de su expectativa de vida.
Son execrables quienes lo someten a este calvario. No existirá penitencia religiosa ni reconocimiento tardío de responsabilidad criminal que logre limpiar el nombre de aquellos que, teniendo la facultad de evitar estos maltratos, optan por la indolencia o el sadismo administrativo.
Y antes de que se manifiesten las "bellas almas" de pureza impostada y odios latentes tras supuestas certezas dogmáticas de la juridicidad penal, permítanme recordar que la condena de De Vido se sostiene sobre la categoría de "partícipe necesario de administración desleal por omisión".
Es decir, se lo castiga penalmente por no haber controlado la conducta de terceros funcionarios que eran quienes debían controlar. Se lo criminaliza, en definitiva, por no haber supervisado el acto ajeno.
En la praxis judicial argentina, lo cierto es que, a excepción de él y de Cristina Kirchner, nadie es privado de su libertad bajo semejante construcción jurídica.
Osvaldo Mario Nemirovsci | Diputado Nacional mc – PJ Río Negro
Nota: Datos médicos provistos por Alessandra Minnicelli, Abogada UBA y Doctora en Derecho por Universidad de Salamanca – España

















