Mariano Benítez de Nuevo Encuentro cuestionó el funcionamiento del sistema de transporte urbano de pasajeros de Bariloche y aseguró que la ciudad combina “uno de los boletos más caros del país” con un servicio que calificó como deficiente.
En una nota de opinión, sostuvo que la empresa concesionaria Mi Bus recibe importantes subsidios municipales, que según indicó superan los $1.900 millones anuales previstos en el presupuesto y que durante abril y mayo de 2026 se complementaron con transferencias extraordinarias por más de $560 millones.
Benítez señaló que, pese a esos aportes, persisten reclamos por largas esperas, reducción de frecuencias, unidades con desperfectos, falta de calefacción y saturación del servicio, además de denunciar que la cantidad de colectivos en circulación sería inferior a la comprometida contractualmente.
En ese marco, planteó que el problema excede la discusión económica y constituye una cuestión de gestión pública, al advertir sobre la falta de planificación del transporte y el impacto que la situación tiene en la movilidad cotidiana de miles de vecinos de la ciudad.
BARILOCHE: EL TRANSPORTE MÁS CARO Y MÁS DEFICIENTE DEL PAÍS
Mientras San Carlos de Bariloche se vende al mundo como una postal internacional del turismo argentino, puertas adentro vive una de las mayores contradicciones de su historia: tener uno de los transportes públicos más caros del país y, al mismo tiempo, uno de los peores servicios urbanos que se recuerden en sus 124 años de existencia.
El transporte público ya no es solamente un problema operativo. Es un símbolo del abandono, de la improvisación política y de la falta de decisión estructural para enfrentar uno de los temas más sensibles de la vida cotidiana de miles de vecinos.
Y los números son contundentes.
El Presupuesto Municipal 2026 asciende a $203.851 millones. De ese total, el 62% se destina al pago de salarios municipales: aproximadamente $126.000 millones para sostener la estructura del Estado.
Pero dentro de ese mismo presupuesto aparece otro dato imposible de ignorar: según los datos oficiales discutidos durante el tratamiento legislativo de la Ordenanza Nº 3553-CM-25, la partida estipulada para subsidios y compensaciones directas a Amancay S.R.L. —la empresa prestataria de Mi Bus— asciende a $1.910 millones anuales.
Traducido: alrededor de $160 millones mensuales.
Sin embargo, cuando uno analiza solamente los meses de abril y mayo de 2026, surge algo todavía más grave: una catarata de partidas extraordinarias y transferencias adicionales.
Solo en abril, las resoluciones municipales destinadas a la empresa alcanzaron los $269.114.252,85:
Resolución 1044: $32.456.016,66
Resolución 1176: $32.621.236,65
Resolución 1284: $32.006.621,00
Resolución 1309: $105.376.144,02
Resolución 1398: $33.773.825,02
Resolución 1432: $32.880.409,39
Y al 21 de mayo, el esquema volvió a repetirse, acumulando otros $295.528.835,10:
Resolución 1517: $33.774.255,45
Resolución 1553: $33.774.255,50
Resolución 1589: $27.401.729,29
Resolución 1595: $167.454.720,00
Resolución 1665: $33.123.874,22
La pregunta es inevitable: ¿Cuánto dinero más necesita Mi Bus para brindar un servicio mínimamente digno? Porque mientras los subsidios aumentan, la calidad del servicio se desploma.
Hoy el boleto para residentes cuesta $1.534,28. Para turistas o usuarios sin subsidio municipal, el pasaje puede superar los $4.500 dependiendo del recorrido.
Bariloche sostiene una de las tarifas más caras de la Argentina. Pero el problema no es solamente el valor del boleto.
El problema es que el vecino paga un precio premium para recibir un servicio colapsado. Las denuncias de usuarios son permanentes:
- Esperas eternas de 50 minutos, una hora o más.
- Colectivos que pasan completos y no frenan.
- Barrios enteros aislados por recortes unilaterales de recorridos.
- Unidades sin calefacción en pleno invierno patagónico.
- Ventanillas rotas.
- Desperfectos mecánicos en medio de los recorridos.
- Coches detenidos por problemas técnicos.
- Saturación absoluta durante las temporadas turísticas.
- Quita de líneas internas para reemplazar por líneas turísticas, verbigracia, se saca un interno de la línea 21 para en el verano poner un colectivo mas para la linea 10 a colonia suiza y en el invierno el refuerzo a catedral, es decir sus usuario cotidianos viven felices fuera de temporada.
Mientras tanto, el contrato original exigía sostener un piso cercano a las 100 o 120 unidades operativas para cubrir correctamente la extensión territorial de Bariloche.
Sin embargo, distintos informes y reclamos legislativos vienen denunciando desde hace años que la empresa presta servicio con apenas entre 60 y 75 colectivos operativos.
Es decir: prácticamente la mitad de la flota comprometida. La consecuencia es obvia.
El sistema colapsa.
Y colapsa todos los días.
Colapsa en el Alto.
Colapsa en los kilómetros. Colapsa para el trabajador. Colapsa para el estudiante.
Colapsa para el vecino que simplemente quiere llegar a horario a su trabajo o volver a su casa. Y aun así, el Municipio sigue transfiriendo millones.
El trasfondo político es todavía más preocupante.
Porque aunque las irregularidades del servicio son conocidas hace años, los distintos gobiernos municipales terminan tolerando incumplimientos permanentes por temor a quedarse sin prestador alternativo.
La ciudad quedó atrapada en una lógica perversa:
subsidiar cada vez más un servicio cada vez peor.
Y mientras eso ocurre, Bariloche sigue mostrando al mundo sus lagos, sus montañas y sus centros turísticos de excelencia.
Pero detrás de la postal internacional, miles de vecinos viven una realidad completamente distinta: la de un transporte caro, deficiente, imprevisible y agotado.
La discusión ya no es solamente económica. Es política.
Porque cuando una ciudad naturaliza que viajar mal, llegar tarde y esperar una hora bajo la nieve se vuelva parte de la rutina diaria, lo que está fallando no es solamente el transporte.
Lo que está fallando es el modelo de gestión.
Bariloche merece un sistema de transporte moderno, eficiente y acorde a una ciudad internacional.
No un esquema sostenido a fuerza de subsidios millonarios, excusas permanentes y colectivos que nunca llegan.
Un dato no menor es como daño indirecto o colateral, el aumento exponencial del parque automotor entre otras cosas por el pésimo servicio de mi bus, incluso las app están pagando mas barato que el servicio de mi bus, el colmo total de la decadencia en una ciudad sin planificación urbana, sin planificación de transporte ni accesos y sin controles.
Mariano Benitez - Partido Nuevo Encuentro

















